viernes, 30 de enero de 2015

DIEZ VECES


En tu abrazo dijiste que la eternidad podía estarse diez veces
Me parece mucho, digo, y sin embargo el hombre prosigue, eterniza su candidez como un gato doméstico que duerme en nuestro regazo.
Hubo un tiempo donde la gente discutía acerca de la naturaleza de la trinidad o la presencia o no de cristo en una o en las dos especies, o en la virginidad de maría santísima. Bueno, eso dicen, que la gente discutía, (como hoy lo hace por la inocencia de un fiscal o la culpabilidad de un periodista o la santidad crepuscular de una mediática, o la eficacia de pegarle con cara interna del pie izquierdo en un tiro libre). Eran buenos tiempos, porque como dice Handke, la humanidad no había perdido la infancia.
Cuando niños no había muchas dudas, había una sola y en todo caso esa duda tiraba a pulso de las otras. Luego, con los años aprendimos a dividir por dos cifras y ahí se desvaneció definitivamente la inocencia: ya no hubo forma de salir de ese alborotado espíritu de disociación.
Quisiera creer que en tu abrazo la eternidad puede caber diez veces.
Pero todos se van. Y la eternidad es un candil que no puede encenderse.

Hugo Celati (2015)
Imagen: Bettina Pelaye

jueves, 29 de enero de 2015

2015.ENERO. DOMINGO 25


Yo nací en témperley, buenos aires, argentina,
Donde confluyen las calles brandsen y liniers, no hay rastros ya de
aquella vieja casa hospital donde la gente nacía y moría todo el tiempo.
Tampoco hay rastros del barrio, o los hay,
pero tengo que buscarlos con paciencia,
si uno afina la vista es posible verlos tan evidentes, tan certeros, tan atribulados.
La infancia se cayó de
la bicicleta varias veces y el almacén de don victorio no
vende nueces ni legumbres, su
balanza dormita en los anaqueles del viento. Qué se yo.
Hay una esquina que es todas,
aunque también se podría decir que
todas las esquinas son la misma esquina o
alguna que otra frase de circunstancia que
parezca más o menos bien escrita
Por brandsen íbamos
hasta la cancha de témperley a
sufrir y a gozar, tan celestes como
los ángeles en el techo de la sixtina, íbamos
solo para ver al alejo, al negrito corbalán, al pepe biondi, sin que importara demasiado el resultado del partido (salvo contra chicago o contra los andes porqué ahí había que poner carajo, ahí no era cuestión de vender el honor en noventa minutos de sudores y lágrimas y gritos. Ahí la barriada abría sus fauces con tal ferocidad que no podíamos reconocernos a veces ni nosotros mismos. Chu chu chu la máquina del sur)
En cambio por liniers
tantas veces bajamos con los dos rodriguez ,
el pelo larguísimo de daniel,(el mío no tanto como preanunciando el desierto venidero)
las revistas subterráneo bajo los
brazos, las remeras de batik por
las que sufrimos insultos , los vinilos de hendrix o
de almendra o de aquelarre,
la hermandad del sur instalando su ojo
de tormenta en medio de barricadas,
paredes pintadas por el erp o las fap, la cofradía de la flor solar
en las jóvenes solapas y
tantas otras cosas que ahora no quiero contar para no aburrir a tan distinguida audiencia.
El barrio y esas calles, calles que
se bifurcaban en cada meridiano,
la fiebre inhóspita en las frentes,
se llenaron de escuela y
los recreos a veces nos
llamaban desde la casa de doña albariña o la de
mi abuela, la casa chorizo donde don josé hacía sillas y
mesas y evocaba a su terra, galicia,
porque franco lo había expulsado sin boleto de vuelta.
Con los años me fui del barrio, digo de este barrio, me fui, bueno, uno dice me fui con los años, me fui a otro barrio que era el mismo (aunque no lo sabía) y entonces llegaron mary y pato y gustavo para escuchar a emerson lake and palmer o a conesa de pedro y pablo, y claro, no sé si ellos se dieron cuenta (creo que sí, antes de que lo hiciera yo, inclusive) pero a los temores se le aflojaban las baldosas y las tres aaa nos corrían sin saber que existíamos, y la casa de ellos también era mi barrio o el lugar donde había nacido o el dolor y la alegría y tantas circunstancias que no caben en las palabras. Vaya uno a saber.
Por más que los fantasmas se vistan de
presente y cuelguen su saco en los percheros oxidados de
la escuela treinta y siete, por más que mrs murphy siga
saludando a mi viejo con su tono amable, good morning,
thanks for the visit,
por más que mi amigo fernando de la vuelta por espora en
bicicleta o mi doble vuelva a besar a claudia bajo la
sombra nocturnal de avellaneda y guido, el
tiempo es un búho destemplado que
chista de día y la merienda que mi vieja sirve tiene otro sabor, ahora, cuando ya no están aquellas paredes salvajes y la vuelta es un domingo tonsurado y yo un señor tan torpe y mi adolescencia un resoplido en la flauta de ian anderson y los muertos un sueño que heredaron los habitantes de los nuevos consorcios.
No busquen señales de sus huellas un domingo a la tarde, háganme caso. Mejor un lunes.¿Sí? Seguramente habrá ese día tanto por hacer.

Hugo Celati (2015)
Imagen: Hugo Celati (2013)




sábado, 17 de enero de 2015

METÍLICAFISICA



Y en la quietud malsana de las horas, entre los tréboles de plata que naufragan en los jardines del alba, mis zapatos besan las huellas de los que no están.
No sé si vuelvo porque no recuerdo haber ido y es entonces que mi cuerpo no cabe en los pantalones oscuros ni en la camisa viciada. No sé si asoma su respiración de los bolsillos cansados. Los ojos dan vueltas, giran en un carrusel sin fin y el parque se desnuda de sus propias estaciones. En vértigo creciente se acurruca el otoño y su orfandad de luces o el verano y sus rubores tranquilos. Me temo que el tiempo sea acaso una puerta que se cerró a mis espaldas, un logaritmo incalculable, un tardío gesto de arrepentimiento de dios. Y los árboles, los bancos de piedras, las estatuas con su sudor de siglos derramado en el musgo como el vino agrio de los muertos, tal vez existan ahora, que tengo la certeza de estarme, torpe y desarmado, en medio de los árboles y las flores incansables, ahora que, tumbado sobre el césped, sé que soy un alarido antes que una entelequia, ahora que el alcohol alumbra con otros fuegos mis ideas y entonces las burlas o el asco de la gente o la requisitoria policial o los edictos por ebriedad no pueden causarme más que una lejana y repugnante extrañeza.

Hugo Celati (2013)

Imagen: Bettina Pelaye

viernes, 16 de enero de 2015

GENERALA SERVIDA




Los dados detonaron sobre la mesa. Un disparo inaugural de ases explotó, percusivo y pomposo.
No se quién podrá leer en esta humilde gesta, algún signo de dioses o tahúres, una señal nacida en los resquicios sombríos, las edades pasadas que están delante de nosotros, la muerte y sus máscaras, la huida hacia ninguna parte, la suerte del lado de los vencidos
El humo es espeso y la ginebra corroe los vasos empañados de sudores.
A cada quién su nombre, su edad y su estatura.
Que los fantasmas celebren esta noche su efímero triunfo.

Hugo Celati (2015)

Imagen: M.C. Escher "Metamorphosis".

miércoles, 8 de enero de 2014

AMANECER


El bosque abre sus brazos y la sangre temprana del vino embebe las luces. Alba carmesí, el ojo despierto de la noche enfoca su silencio.
Los pájaros, violetas volátiles, temblorosas alas sin destino cantan y encienden pétalos ocultos, tréboles de plata, niños nogales ocres, bailarinas difumadas.
El camino pierde sus contornos, dormita entre hojarasca y semillas ensoñadas; titila su lucero, la espada del viento lo corta en haces finos, cintas ensortijadas, pañuelos de agua clara, rumorosa.
Me tiendo sobre el mosto de la tierra, el lado amarillento de las hojas, las ramas de polvo grisáceo que vieron nacer la escalera brumosa del tiempo.
¡ Estoy tan vivo!
Y podría decirse que la eternidad me ha ofrendado toda su muerte.
Hugo Celati (2013)
Imagen: Ana Sopeña

lunes, 11 de noviembre de 2013

FELIS SILVESTRIS CATUS


Somos dos o quizás en esta multitud no cabe otra espesura.
Somos dos en el saludo atónito, la cornisa del día, la ventana que no abrieron, la calma y sus desaires.
Somos dos en el quebranto, el vino transmutado, el cáliz bendito de las calles.
Somos dos en la cama que nadie habitará por la noche o en el sórdido recuerdo o en la página quince de "El teatro y su doble".
Somos dos. Tu nombre roza el aire envestido de luces amarillas.
Somos dos en el desvelo, en la almohada tiesa y el techo que derrumba su sueño imposible.
Somos dos, amigo, compañero de vinos y de láminas y hojas sin márgenes.
Y si toco tu lomo atigrado, se ovilla tu amor sobre mis dedos o tus ojos despiertan y un maullido se eriza en la quietud infinita de la noche.
Hugo Celati (2013)
Fotografía: Hugo Celati (2013)

miércoles, 18 de septiembre de 2013

HERÉTICAS BIENAVENTURANZAS



“Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano
será como un árbol plantado junto a una fuente”
ERNESTO CARDENAL



Bienaventurados los que crean en las hogueras encendidas. Los que no se bajaron de la línea, la intensidad, el fulgor y embisten contra el carro de asalto de la plutocracia. Los que no creen en el próximo noticiero, los que sospechan de la buena fe de los periódicos, los que no toman la palabra del cronista radial como la última palabra.
Los que desayunan sus desconciertos, sus monedas contadas. Los que no almuerzan más que la dignidad de su pasado y cenan en el basural de la Bolsa de Valores.
Los que creen en la risa de su hermano desconocido, los que contemplan con ojos de niño al hombre sin edad que reparte estampitas en los trenes.
Bienaventurados los que no firman contratos ventajosos que condenen a muerte al semejante, los que plantan árboles en lugar de tasar el metro cuadrado con códices
de sangre, los que trabajan la tierra con sus manos pero no participan en la ganancia de los commodities los que asignan partidas a hospitales, escuelas, comedores y asilos en vez de tachar las cifras del presupuesto y destinarlas a los asesores que aconsejan el degüello a la cabeza estatal y pública.
Bienaventurados los que juegan con sus hijos y no necesitan tarjeta de crédito para sobornar las ilusiones y el tiempo de estarse junto a ellos. Los que no se desesperan por el novedoso modelo tecnológico y solo disfrutan de aquello que los acerque a sus íntimos afectos. Los que pudiendo mirar desde la ventana del primer piso de la Historia, cómodos y seguros, armaron barricadas en París, en Ohio, en Córdoba, en Budapest, en Tian´anmen. Los que aman sin temor a desangrarse, los que miran a los ojos y no necesitan vidrios polarizados, los que toman la mano de un moribundo que está solo y ya no encuentra siquiera sus recuerdos. Los que hacen el amor por puro placer sobre la alfombra de la última encíclica admonitoria. Las mujeres que se aman con mujeres, los hombres que se aman con hombres, los hombres que se aman con mujeres, sin otra ley que la de su deseo.
Bienaventurados los habitantes de las rancherías, los pueblos originarios, los despojados de su nombre, los nn que ensayan su resurrección en cada cementerio, los artistas que se cortan orejas en lugar de perseguir a sus mecenas como perritos falderos, las prostitutas que rondan por las calles, expulsadas del paraíso y convertidas en objeto de consumo de los formadores de opinión o los cristianos padres de familia.
Bienaventurados los que no son bellos ni reportan riqueza, los que no son carismáticos y son atados a la silla de la burla cruel. Los poetas borrachos que amanecen en el umbral de los bares, los que no olvidan genocidios y percuten en el parche de la memoria cada hora de cada día, los que se indignan antes que de la inseguridad urbana, de las cifras de muertos por inanición o de los excluidos que navegan bajo la línea de flotación de la abundancia.
Bienaventurados los que no reclaman ganar más sino que se reparta lo que los privilegiados se roban. Los que creen en que es posible aún hacer de esta tierra un sitio donde no solo las ratas ilustradas se devoren las frutas de la Naturaleza, los que saben que el único crimen pasible de castigo es que unos pocos se queden con el pan de la mayoría.
Los que aman y lloran porque amar les dibuja un dolor mayúsculo en el alma pero no renuncian al amor.
Bienaventurados. Los que cargan las armas de su voz y no se resignan. Los que avanzan sobre el amanecer y derriban las puertas de los magnates.
Los que parirán al hijo del hombre, esta vez para abrir el cielo y tomarlo por asalto de una vez.

Hugo Celati (2008)
Imagen: Florencia Menéndez ("Abre")